LA CONCIENCIA Y los Venezolanos
La concienciación de los venezolanos es un camino largo que consumirá más de cien años, tenemos que cambiar, evolucionar con voluntad y esfuerzo propio, pero sin presiones , lo hacemos porque queremos, de lo contrario no se avanzaría en positivo, iríamos hacia atrás, se acentuaría la hipocresía, el egoísmo, la mezquindad, y la reina de todos los males. La envidia.
El hombre es un ser moral porque debe construirse a sí mismo. Y la conciencia moral es la facultad por medio de la cual el hombre descubre este "deber ser", esta llamada a hacerse una persona, y es también la facultad por la que tiende activamente a llevarla a la práctica. En otras palabras: es preciso entender la conciencia moral como la facultad, como la capacidad a través de la cual el hombre puede llegar a conocer lo que es bueno y lo que es malo. Se trata, pues, de un juicio del entendimiento o razón que nos permite reconocer el valor moral de un acto concreto que pensamos realizar, estamos realizando o hemos realizado.
El juicio valorativo de la conciencia moral abarca tres niveles: antes del acto, durante su ejecución y después de ella.
Antes del acto, la conciencia actúa como consejero, por la apreciación que el entendimiento hace del valor moral de las varias alternativas que se le ofrecen. Así, por ejemplo, Marco Aurelio (1980, 108) se convierte en nuestra conciencia cuando nos pregunta: "¿Cómo te has portado hasta ahora con los dioses, con tus padres, hermanos, mujer, hijos, maestros, ayos, amigos, familiares, criados? ¿Observaste hasta ahora con todos ellos el precepto de "no hacer ni decir nada malo a nadie"?".
Durante la ejecución del acto, la conciencia se manifiesta dándonos el sentimiento de que somos agentes libres y responsables de nuestra acción. Al respecto escribe J. G. Fichte (1976, 112): "Esta voz interior de mi conciencia me dirá en cada situación de mi vida lo que debo hacer y lo que debo evitar; me acompañará, si la oigo atentamente, en todas las vicisitudes de mi vida, y ni me escatimará la recompensa si soy diligente".
Después del acto, la conciencia interviene como juez y ejecutor de una sentencia. La conciencia aplica en el acto su sentencia, representada por diversidad de sentimientos morales: satisfacción, tranquilidad, remordimiento, vergüenza, arrepentimiento, etc. "Por otra parte -escribe Hume (1993, 208)-, ¿quién no sufre una profunda mortificación al reflexionar en su propia insensatez y conducta disoluta, y no siente una punzada o compunción secreta cada vez que se le viene a la memoria alguna ocasión pasada en la cual se comportó estúpidamente o con torpes modales?".
¿Qué somos?, ¿Quién nos faculta para destruir lo que nos rodea?, ¿Evolucionamos a la par conciencia y mente en el tiempo?, ¿Existe el tiempo? Estas interrogante se han hecho y respondido desde hace cientos y miles de años, y estamos como en el comienzo.
Continuaremos este tema más adelante.
jueves, 16 de julio de 2009
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